sábado, 17 de mayo de 2014

Los perros y sus escritores
Qué lapsus¡ ¿No debería decir los escritores y sus perros?

Lo titulo así porque uno nunca sabe hasta qué punto elige a su perro o su perro lo elige a él. En cualquier caso, muchas veces junto a personas que admiramos, en la sombra, de forma anónima, se encuentran seres como ellos, silenciosos y pacientes.
Y se combinan aquí dos de los ingredientes que más me motivan: los libros y los perros. Puede que aparezca algún gato. Aunque no son muy de mi onda, no dejo de reconocerles su mérito y si no busco su compañía, tampoco dejo de admirar lo grandes yogis que son.    





                                                                                      
Mujica Lainez con Cecil. Qué pareja¡ El escritor se mostró siempre sensible al alma de objetos y animales y así quedó reflejado en su obra. Incluso publicó Cecil, aue llama en algún sitio "su libro traidor" porque delata vivencias personales que no era inclinado a proyectar en sus libros. En Cecil, es el perro quien habla, explica la relación entre los dos, sus paseos juntos y detalles del proceso de creación.




Saramago. No he leido nada suyo, no, no me ha motivado, pero seguro que no es el único gran escritor con quien todavía no he intimado. Sin embargo, con motivo de su muerte, como ocurre tantas veces, se dan a conocer detalles de su vida que me emocionaron especialmente.
Su sensibilidad no sería ajena a la familia que le crió y recuerdo como contaron que su abuelo, sintiendo próxima su muerte, se despidió de los árboles de su huerto. Qué detalle de humildad y respeto ese saludar a los seres que nos acompañan, nos regalan sus frutos y su sombra, decoran nuestro entorno. Y la abuela, que comentó "me da pena morirme porque esto es tan bonito,.." De nuevo esa actitud de colocar el yo a la altura del entorno y los seres que lo pueblan.

  Pérez Galdós. No aparecen muchos perro en sus novelas, pero ...
"... a mi me va a hablar usted de soledad, que llevo tres perros enterrados. " Es de El abuelo
Acostumbrados a los retratos de busto, estos no dicen tanto del hombre como este otro de cuerpo entero, sentado y en actitud relajada, el perro entre las piernas compartiendo lo que parece un alto en el paseo.
Lejos de la pose "de retrato", aquí mira a la cámara en una pose natural, sin colocarse para foto, con un traje desgastado, el cigarro en la boca, boina. Al perro  no le importa estar tan cerca del palo, lo que indica que ese palo es sólo para apoyarse en el paseo (lo apunto porque en ciertos ambientes perro y palo van juntos con el amo, pero no sólo como ayuda para andar, sino tambien para atizar al perro)



        

También Charles Dickens, en una pose que refleja la confianza y la estima en que tiene a su perro. En una época en la que la fotografía no era tan accesible como ahora y había que seleccionar muy bien lo que se quería retratar, no deja de ser significativo que alguien le dedique a su perro tanto espacio en una imagen.
A la derecha Edith Warton, autora de La edad de la inocencia.

 Charles Dickens with his dog Edith Wharton and her dog...wrote one of my personal favorites "Age of Innocence"

(Así se queda por ahora, pero añadiré más, seguro).